
Me compré este vinilo en Radio City de Madrid hace unas semanas. La cantidad de compras de las últimas semanas es tan exagerada y fuera de lugar (estoy avergonzado) que se me acumulan posts y escuchas. Pero no os equivoquéis un período de compras compulsivas no es sinónimo de no escuchar atentamente la música que adquiero, todo lo contrario, en casa siempre suena algo.
A lo que iba que me tuerzo… este disco es una auténtica maravilla, una obra de arte de pies a cabeza y afirmo: es un disco de Country al uso. Ahora, los que hacéis ascos a este estilo (no lo entiendo) ya podéis parar de leer. Pero quienes también amen ese tipo de música como buen melómano que no dice "no" a nada si hay calidad, dejadme decir que es de los discos, llámenle americana o country a secas, más bello y exageradamente emotivo que he escuchado en lustros.
Una auténtica lección de poesía y de maestría. John Doe junto con los magníficos Sadies se casca un disco apabullante no por su ritmo precisamente. Abundan las melodías que casi te susurran al oído, todo con un gusto más que extremo. Versionan principalmente clásicos de Merle Haggard, Waylon Jennings, Kriss Kistofferson y Roger Miller para citar algunos. Pero también hay espacio para canciones propias. Hay temas sobrecogedores (Take These Chains from My Heart, Help Me Make It Through the Night, Husbands and Wives, Before I wake, etc.). Es que no sobra nada, de corazón, no hay ningún tema de relleno y eso, en los tiempos que corren, se agradece.
Dejadme que os cuente una pequeña intimidad familiar. Sólo os diré que ya he citado a mi santa esposa una noche de esas, cuando los niños duerman, para simplemente danzar lentamente y muuuuy agarrados mientras la aguja pinche algunas de esas canciones. No os lo había contado pero siempre lo hemos hecho; danzar en el salón de casa (prefiero la palabra "danzar" que "bailar"; vendría a ser la diferencia entre "hacer el amor" o "follar" que es más soez). Cuando no teníamos hijos lo hacíamos tanto con lentas o incluso con temas potentes. Cuando vinieron los niños y empezaron a andar y tener uso de razón, ellos se apuntaron. Era vernos danzar y ¡flaaas! se nos agarraban a los pies y quieren subirse. Cuando danzamos los cuatro (Anna sólo duerme) la felicidad inunda cada poro de nuestra piel al verlos sonreír; entonces el mundo debería pararse y nunca volver a caminar.
A lo que iba que me tuerzo… este disco es una auténtica maravilla, una obra de arte de pies a cabeza y afirmo: es un disco de Country al uso. Ahora, los que hacéis ascos a este estilo (no lo entiendo) ya podéis parar de leer. Pero quienes también amen ese tipo de música como buen melómano que no dice "no" a nada si hay calidad, dejadme decir que es de los discos, llámenle americana o country a secas, más bello y exageradamente emotivo que he escuchado en lustros.
Una auténtica lección de poesía y de maestría. John Doe junto con los magníficos Sadies se casca un disco apabullante no por su ritmo precisamente. Abundan las melodías que casi te susurran al oído, todo con un gusto más que extremo. Versionan principalmente clásicos de Merle Haggard, Waylon Jennings, Kriss Kistofferson y Roger Miller para citar algunos. Pero también hay espacio para canciones propias. Hay temas sobrecogedores (Take These Chains from My Heart, Help Me Make It Through the Night, Husbands and Wives, Before I wake, etc.). Es que no sobra nada, de corazón, no hay ningún tema de relleno y eso, en los tiempos que corren, se agradece.
Dejadme que os cuente una pequeña intimidad familiar. Sólo os diré que ya he citado a mi santa esposa una noche de esas, cuando los niños duerman, para simplemente danzar lentamente y muuuuy agarrados mientras la aguja pinche algunas de esas canciones. No os lo había contado pero siempre lo hemos hecho; danzar en el salón de casa (prefiero la palabra "danzar" que "bailar"; vendría a ser la diferencia entre "hacer el amor" o "follar" que es más soez). Cuando no teníamos hijos lo hacíamos tanto con lentas o incluso con temas potentes. Cuando vinieron los niños y empezaron a andar y tener uso de razón, ellos se apuntaron. Era vernos danzar y ¡flaaas! se nos agarraban a los pies y quieren subirse. Cuando danzamos los cuatro (Anna sólo duerme) la felicidad inunda cada poro de nuestra piel al verlos sonreír; entonces el mundo debería pararse y nunca volver a caminar.
Un consejo para el día de hoy, encontrad tiempo para danzar, y si queréis "bailar" pues adelante también, ¿porqué no?

4 comentarios:
Muy bonito post y gran disco.
Muy buen disco compañero! y creo que lo que dices de danzar o bailar, es muy cierto, debería practicarse más, yo el primero!
Saludos y a seguir danzando siempre que se pueda!
Qué bueno me resulta leer que no soy el único abocado a un music-buyin' spree, amic... Sí, estamos unidos en la crisis y en el estrés, deduzco, y el placer de acariciar materialmente la música incorpórea que tanto nos alimenta da cierta paz, consuelo y motivación. Que sí, que con la de churumbeles que acarreamos ya nos vale (entre tú y yo tenemos cinco...) pero ¿qué podemos hacer? Nos gusta la música y nos gusta TENERLA...
Si señor, The Sadies es uno de los grupos más auténticos y versátiles que ha habido en mucho tiempo.
He tenido la suerte de verles dos veces en directo y son muy muy grandes. Recomiendo el Live in Concert donde repasan su carrera con un montón de amigos y colaboradores tocando todos los palos habidos y por haber.
Publicar un comentario en la entrada